El ex novillero y ex ganadero Carlos Hernández González se declaró enemigo de los festejos en los que participen aficionados prácticos
Tlaxcala, 09 marzo 2010 (Fabián Robles Medrano).- Pese a estar consciente de que fracasará en su pretensión para que se instauren en Tlaxcala los festivales taurinos incruentos, el ex novillero y ex ganadero Carlos Hernández González se declaró enemigo de los festejos en los que participen aficionados prácticos.
“Yo estoy totalmente en contra de que los aficionados prácticos maten y hagan sufrir a erales y utreros descriados”, dijo en entrevista con la periodista América Montoya Ortega en Centro Informativo, el espacio noticioso de FM Centro de Apizaco.
En su embestida, Carlos Pavón- así conocido en el medio taurino- consideró que “si los aficionados tienen los suficientes… arrestos y afición torera, entrénense, aprendan a torear y enfréntense a utreros serios a los que será viable y propio picarles, banderillearles y darles muerte con todas las de la ley”.
Quien además se ostenta como escritor, es el autor intelectual de la propuesta de reforma al Reglamento Taurino de Tlaxcala para que, en los festivales donde actúen aficionados prácticos, se prohíba la suerte de varas y la muerte en el ruedo de erales y utreros menores descriados (sic).
Los argumentos que da el descendiente de los prestigiados ganaderos fundadores de Piedras Negras, Rancho Seco y La Laguna, es que “los toreros en estos festivales, por su novatez, eligen becerros muy pequeños. Estos animales, por lo angosto de su cuerpo, son muy difíciles de matar, pues su peso difícilmente llega a los 200 kilos.
“Aunado lo anterior a la impericia de sus presuntos matadores, la suerte de matar se remite a darle pinchazos atravesados que en su mayoría cruzan el cuerpo entero y la punta de la espada sale por la barriga o por las costillas del becerro. Materialmente lo hacen picadillo y cuando por fin logran un pinchazo hondo empiezan los descabellos, generalmente fallidos, lo que origina, que antes de atinar el golpe definitivo le hagan una verdadera papilla el testuz.
“Cuando los niños miran a papá o tío, amigo o lo que sea, causando al pobre animalito una agonía lenta y tormentosa, aborrecerán con toda su alma la fiesta brava, como lo he observado con sobrinos y sobrinitas, aunque estos sean nietos de un gran torero, ganadero o taurino de pura cepa”, expuso.
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